LA
“EMERGENCIA EDUCATIVA”
Parte de entrevista
realizada en Televisión Española al prof. D. Alfonso López Quintás [1] a raíz
de la llamada “Emergencia educativa”.
“P. ¿Qué se quiere indicar con la expresión
“Emergencia educativa”?
R. Hay dos tipos de
emergencia educativa. Una indica el hecho de que los alumnos presentan un grado
de ignorancia inaceptable en cuestiones académicas básicas. Tal fallo puede
superarse si se aumenta debidamente el nivel de exigencia y se concede la
necesaria autoridad al profesor. El segundo tipo de emergencia se refiere a la
calidad de la enseñanza humanista. Se trata de una situación límite, próxima a
la catástrofe. No se alude sólo a un problema grave, ni a una serie de
problemas, que pueden ser tratados uno a uno para mejorar la situación. Se
quiere indicar que es el conjunto de la situación el que se tambalea
peligrosamente, y se requieren soluciones que vayan a la raíz del problema y
planteen el tema educativo sobre nuevas bases, más sólidas y fecundas.
P. ¿Usted cree que nos hallamos en una
situación de emergencia, en el segundo aspecto?
R. Desgraciadamente, sí. Y
ello requiere un estudio profundo, pues se trata de una quiebra radical de la
forma de pensar. Cuando un alumno me dice que “no hay que buscar la verdad,
porque cada uno tiene la suya”, nos deja descolocados a profesores y alumnos,
literalmente nos desquicia, porque el quicio o eje del proceso formativo es la
búsqueda en común de la verdad, es decir, de la realidad tal como se nos
patentiza a lo largo de la vida. Al
indicar un alumno: “Usted tiene su verdad y la respeto, pero yo tengo la mía y
usted debe respetarla”, parece que es muy respetuoso y procura el consenso y la
concordia, pero anula nuestra capacidad
de conocer la realidad y atenernos a ella, con lo cual mina la base del
entendimiento entre formadores y alumnos, y, en general, entre personas y
pueblos. Cuando este desgajamiento se
hace general, se produce una situación de emergencia educativa.
Si los alumnos de Filosofía contemporánea
desconocen que Max Scheler y Nicolai Hartmann escribieron sendos libros sobre
Ética están desinformados. Necesitan más información sobre la Historia de la
Ética. Pero, si afirman que la libertad y las normas se oponen siempre, les
falla la forma de pensar. Piensan sólo en un nivel elemental y aplican esa
forma de pensar a los niveles superiores, sin matización alguna. Cuando lo
hacen porque ignoran que hay que distinguir niveles de realidad y de conducta,
entonces el fallo en la forma de pensar es todavía más profundo; afecta a las
bases del pensamiento. En cuanto este fallo se propague, da lugar a una
emergencia educativa.
P. ¿Cree
usted que es posible superar esta situación de emergencia? ¿Tiene algún método para ello?
R.
Afortunadamente, sí. Debido a una serie de malentendidos y
prejuicios, se ha producido una especie
de bloqueo intelectual en multitud de personas, de modo especial en niños y
jóvenes. Es necesario conseguir que éstos se liberen de tales malentendidos por
propia experiencia. De ahí que mi método no se dirija tanto a “enseñar
contenidos” cuanto a “ayudar a niños y jóvenes a descubrir claves de
orientación”.
P. Este método de ayudar a descubrir debe de
ser más difícil que el mero enseñar lo que uno ya sabe…
R. Al principio sí, porque
transmitir las enseñanzas por vía de búsqueda exige al profesor asimilar muy bien las ideas, pero luego todo
marcha mucho mejor, pues cada descubrimiento que hacemos nos dispone para el siguiente.
Voy a hacer una experiencia de descubrimiento, y verá lo que avanza un joven en
cuanto a descubrir los distintos modos de libertad. Yo le invito a que haga
conmigo esta experiencia. Figúrese que tengo un fajo de papel. Yo puedo hacer
con él lo que quiero. Es un objeto, y tengo absoluta libertad para usarlo, como
medio para mis fines, o canjearlo por
otro… A este plano de los objetos vamos a llamarle nivel 1.
Ahora bien. Si escribo en el papel una obra
musical, lo transformo en partitura. La partitura es una realidad superior al
papel, ya que tiene la capacidad de revelarnos una obra musical. Pertenece a un
plano más alto que el de los meros objetos… Está, por tanto, situada en el
nivel 2. Con el papel puedo hacer lo que quiera, pero con la partitura no. Si
quiero interpretarla, debo seguir sus instrucciones. Y, cuanto más fiel le sea,
más libre me siento, pero con otro tipo de libertad, la libertad creativa.
Pierdo, con ello, en buena medida mi libertad anterior, la libertad de
maniobra, pero adquiero una forma de libertad superior. Tener libertad creativa
significa aquí que interpreto la obra con soltura y destreza. Pero interpretar
bien una obra es crearla de nuevo. Al renunciar a la libertad de maniobra, gano
capacidad creativa, y, con ella, el poder de unirme a la obra con un tipo de
unión muy estrecha, una unión de intimidad.
Ahora vemos claramente que en este nivel 2 la
libertad y las normas no se oponen; se complementan y enriquecen. Comprender
bien esto nos da una luz inmensa. Si alguien me dice que la libertad y las
normas se oponen, yo le contesto con toda precisión: en el nivel 1, sí; en el
nivel 2, no, porque aquí sucede todo lo contrario: la libertad y las normas se
exigen mutuamente y se ayudan a abrir todo un campo de creatividad. Esa
capacidad creativa nos perfecciona como personas. En cambio, el que se obstina
en dar por supuesto que las normas se oponen a la libertad, ciega la fuente de
su capacidad creativa y rebaja la calidad de su vida personal.
P. ¿Puede descubrirse esto mismo con un
ejemplo tomado de la literatura, que es más accesible que la música?
R. Por supuesto. Si declamo
un poema, siento por propia experiencia que el poema influye sobre mí, me
ofrece sus posibilidades estéticas, y yo influyo sobre él. Los dos colaboramos
a partes iguales, ambas indispensables. Es otra fuente de luz, porque me enseña
a vivir –pensar, sentir, decidir…- de forma dialógica, relacional. Al pensar
así, veo con toda lucidez dos ideas decisivas para mi vida:
1) que mi libertad creativa se coordina muy
bien con la obediencia a quienes tienen autoridad sobre mí, autoridad en el
sentido de capacidad promotora, enriquecedora.
2) que yo desempeño un papel ineludible en el
conocimiento de los valores, y éstos no se me revelan si no estoy dispuesto a
asumirlos activamente y realizarlos, pero yo no soy dueño de los valores. Con
esto se supera el malentendido del relativismo subjetivista, que quiere
enaltecer al sujeto y acaba achicando sus espacios interiores, el horizonte de
su vida, su creatividad.
P. Este método ¿sirve también para formar a
los jóvenes en el desarrollo y ejercicio de la afectividad?
R. Muchísimo. A un joven que
conoce los niveles de realidad ni se le ocurre confundir el amor personal con
la mera apetencia, porque ésta se da en el nivel 1 -el del manejo de objetos
para la propia satisfacción- y el amor personal surge en el nivel 2, el del
respeto, la estima y la colaboración. Si un chico le dice a una chica –o
viceversa- que la ama con toda el alma, pero lo que ama es el agrado que le
producen sus bellas cualidades corpóreas, tergiversa la realidad, porque no la
ama, la apetece; la toma como medio para
sus fines, y la rebaja así al nivel 1, en el cual no hay todavía amor personal,
sino saciedad de una apetencia. Un
pastel podemos apetecerlo, pero no amarlo. A la persona podemos empezar por
apetecerla porque nos atrae, pero, mientras la apetencia no se transforma en
amor –al ascender al nivel 2-, no podemos decir que la amamos.
Ese ascenso constituye la
tarea del noviazgo. Para realizarla, los novios necesitan descubrir lo que es
el encuentro, bien entendido. Si no lo saben, corren peligro de pensar que amar
significa sencillamente saciar una apetencia. Esto supone un empobrecimiento
lamentable del amor, pero, si nos movemos en el nivel 1, no nos damos cuenta
del estado de pobreza en que vivimos. Por eso es tan importante, realmente
decisivo, que los niños y los jóvenes descubran los niveles de realidad en que
podemos vivir. Al hacerlo, aprenden a distinguir los diversos afectos y actuar con poder de discernimiento. Estas
capacidades constituyen la formación ética.
… …
II. La
conversión de los profesores en “formadores”
P. En diversas obras suyas y conferencias ha
mostrado gran interés en destacar el poder formativo de las diferentes
actividades culturales: la literatura, el cine, el arte plástico, la música…
R. Sí, es necesario
descubrir nuevas fuentes de formación, porque todo es poco para entusiasmar a
los niños y jóvenes con los valores en el clima actual de glorificación de lo
negativo. De no hacerlo, quedarán sin desarrollarse en ellos mil posibilidades,
y esa inmadurez les producirá frustración e infelicidad. Las personas podrían
ser mucho más útiles a los demás, irradiar felicidad en su entorno, y ser
felices ellas mismas si de niños y jóvenes se hubieran abierto a las diversas
posibilidades creativas que existen. De niño deseaba introducirme en la música.
El día en que pude poner las manos en un magnífico armonio fabricado en París
me sentí feliz, porque intuí que me introducía en un mundo nuevo, lleno de
inmensas posibilidades. Recuerdo con emoción que las primeras armonías que hice
salir de aquel delicioso instrumento
fueron de Palestrina. Esa impresión me inspiró luego multitud de estudios y
conferencias sobre la escuela polifónica romana… Y cuajaron en mi obra El poder
formativo de la música. Estética musical (Rivera Editores, Valencia).
P. Ese empeño le llevó a estudiar el poder formativo
de todas las áreas de conocimiento
R. Quise mostrar que cada
área de conocimiento tiene un gran poder formativo. Sin salirse de su área,
todo profesor puede ser un formador de la personalidad de los alumnos, no sólo
un informador de la materia que le compete enseñar. Lo vemos de manera
impresionante si pensamos en un alumno que curse matemáticas, física, arte
griego y música, si cuenta con un profesor que procure destacar la importancia
de la relación en estas áreas de conocimiento… [2].
P. Vamos a ver qué pasa con las matemáticas y
la física
R. Las ciencias matemáticas
crean estructuras, y el profesor debe enseñar a operar con ellas. Pero, al
mismo tiempo, ha de hacer ver a los alumnos el poderío de las mismas, por
ejemplo de unas fórmulas, que son modos de interrelación y constituyen una
fuente de conocimiento y de belleza, debido a su interna armonía. El alumno
sale de la clase sorprendido por el poder de las relaciones, que juegan un
papel muy superior al de un mero accidente.
Pero acude a la clase de ciencias físicas y
oye al profesor destacar que lo último de la realidad material no son trozos
infinitivamente pequeños de materia sino “energías estructuradas”, es decir,
interrelacionadas. Su asombro ante el poder de la relación va en aumento.
P. Entremos ahora en el mundo del arte, que
parecer tan distinto
R. Lo parece, pero no lo es tanto… Para
inicia/r a los alumnos en la estética del arte occidental, el profesor subraya
que los antiguos griegos encontraron que la belleza surge de la armonía. Subes
a la Acrópolis y te ves sorprendido por la majestuosidad del Partenón, su
serenidad clásica y su bellísimo equilibrio. Y recuerdas que esas cualidades
responden al hecho de que ese templo está configurado armónicamente. Pero la
armonía surge cuando hay proporción entre las distintas partes y una relación
ajustada entre el conjunto de la obra y la figura humana. La imponente belleza
de esa obra de arte se debe, en definitiva, a dos interrelaciones. Y algo
semejante sucede con la esbelta figura de la Venus de Milo, configurada
conforme a las relaciones sugeridas por la llamada “Sección aurea” o “Número de
Oro”.
El alumno sale de la clase pensando qué pasa
con la relación, qué enigmático poder alberga, pues no solamente se halla en el
origen de la realidad y permite que la mente humana elabore unas estructuras
que sirven para penetrar en el secreto de la realidad material; da razón de una
forma eminente de realidad -la artística- que eleva nuestros sentidos y los
transfigura.
P. Y luego la música
R. Lo visto en estas clases
sobre el papel decisivo de las interrelaciones halla en la música una
confirmación inmediata, vivaz e impresionante. La música empieza con la
relación y crea sus espléndidos edificios sonoros a base de interrelaciones.
Todo en ella es relación: el ritmo, la melodía, la armonía, incluso el timbre.
En la música se da máxima importancia a cada sonido, pero a cada sonido
vinculado con otros. Por eso, la base de la música no son las notas sino los
intervalos, es decir, el impulso que nos lleva de una nota a otra. Por este
carácter relacional, la música nos insta a no quedarnos en los valores inmediatos
sino a trascenderlos hacia las realidades a que remiten. Aprendemos, así, a dar
a nuestra inteligencia las tres condiciones de la madurez: largo alcance,
amplitud y profundidad.
P. Y para coronar el
circuito educativo, llegamos a la Ética y la Religión
R. Acabamos de ver que las
diferentes áreas destacan, de una forma u otra, la importancia y la valía de la
relación. Ello impresiona al alumno. Pero conviene que éste saque el máximo
provecho de tal asombro para su formación como persona. Eso sucederá si en el
centro escolar se imparte una asignatura -titulada, por ejemplo, Ética o bien
Formación humana- que explique el papel
de la relación en el proceso de desarrollo humano. Cuando un alumno, tras
descubrir lo que significa la relación en el universo, oiga decir al profesor
de Ética que los seres humanos somos “seres de encuentro” y, consiguientemente,
el “ideal de nuestra vida es fundar
modos valiosos de unidad, es decir, de encuentro”, dirá para sí : “¡Pues
claro! ¡Cómo iba a ser de otro modo si todo el universo está fundado en la
relación y nuestras obras culturales más excelsas son tramas de relaciones…!”
Al oír que, para crecer como
personas, debemos vincular libertad y normas, libertad y estructuras,
independencia y solidaridad..., el alumno no se dejará llevar por la tendencia
actual a considerar las estructuras y las normas como una camisa de fuerza
impuesta a la espontaneidad de la conducta humana. Sabrá entender esos pares de
conceptos como contrastes, no como dilemas, pues aprendió en diversas clases
que la estructura, bien entendida, es principio de vida, y la norma -si es
juiciosa y fecunda- ofrece un cauce a la libertad humana para desplegarse
airosamente.
Ahora vemos con claridad que
los distintos profesores, sin hablar directamente de ética o de axiología, han
preparado al alumno para penetrar a fondo en el núcleo de la doctrina ética.
Además de transmitir unas enseñanzas, los profesores irradian un espíritu
peculiar, un modo positivo de ver la realidad, una perspectiva lúcida desde la
cual puede el alumno penetrar en el reducto último de la existencia, que es la
relación. Esa perspectiva es la propia del pensamiento relacional. A partir de
ella es posible levantar todo el edificio de la formación humana.
… ….
P. Aparte de las áreas a que
antes aludió, cabe decir que también otras áreas, por ejemplo la literatura y
el cine, presentan un notable valor formativo?
R. Indudablemente. La mayoría de las obras
literarias y cinematográficas de calidad reflejan de forma impresionante los
dos grandes procesos que podemos seguir en la vida: los de vértigo y los de
éxtasis. El que conoce con precisión la estructura de estos procesos [3] puede
penetrar hasta el núcleo de tales obras. Al hacerlo, se afirma en la convicción
de que a través de los procesos de éxtasis o encuentro nos construimos, y a
través del proceso de vértigo o fascinación nos destruimos y hundimos en la
amargura. Obras geniales como el Don Juan de Tirso de Molina y el Don Giovanni
de Mozart podemos comprenderlas a fondo si las vemos a esta luz. La fecunda
lección de ética que con ello recibimos se nos graba de forma indeleble en
nuestro interior.
… …
P. Todo lo dicho nos permite concluir que hay
una forma eficaz de superar la “emergencia educativa”
R. Sin la menor duda. Lo
urgente ahora es no perder tiempo en diagnosticar el mal que nos acosa, sino de
poner en juego los métodos de formación que se muestren verdaderamente eficaces.
Por mi parte, pongo uno a disposición de quienes deseen pasar del lamento a una
labor de reestructuración eficaz de los procesos formativos.
[1] Catedrático emérito de
filosofía de la Universidad Complutense, miembro de la Real Academia Española
de Ciencias Morales y Políticas, de L´ Académie International de l´art y de la
International Society forPhilosophie.
[2] Una amplia exposición de
este sugestivo tema puede verse en mi obra Enseñanza escolar y formación
humana, vol. V de la Bibliotca del Educador, Puerto de Palos, Buenos Aires
2006.
[3] Su articulación interna
es descrita en mis obras Inteligencia creativa (BAC, Madrid 42003) y Vértigo y
Éxtasis (Rialp, Madrid).
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